Montemayor del Río
Hay que agacharse. Los que somos altos no nos llevamos bien con las diminutas puertas de las casas de pueblo. Si no se va con precaución, los coscorrones están asegurados.
—Un segundo, ahora voy —grita una voz femenina desde el obrador.
Tras cruzar el umbral de la estrecha puerta un olor divino nos enamora. Y no solo se excita el olfato, también la vista. Sobre un reducido mostrador de madera se disponen, perfectamente colocadas, las manzanas prohibidas de los más golosos. Rosquillas, bizcochos, mantecados y, por supuesto, las floretas o flores.
Nieves aparece ataviada con un gorro de repostera y de blanco inmaculado. Nos atiende gustosa. Tiene varias floretas en el aceite hirviendo y no le quita ojo a la gran freidora.
—A dar un paseo y a conocer el pueblo, me imagino —nos comenta.
Eso, y a comprar floretas recientes. Un manjar que Nieves y su familia hacen como nadie.
Qué ver en Montemayor
Montemayor del Río está declarado Conjunto Histórico-Artístico desde 1969. Merece la pena perderse por sus calles.
- Castillo medieval del siglo XV, reconstruido sobre fortificación romana
- Iglesia de Nuestra Señora de Sequeros, del XIV, de estilo gótico tardío
- Calles empedradas con casas de arquitectura serrana en piedra y madera
- Mirador del Castillo con vistas a toda la comarca
Cómo llegar
Desde el hotel, veinte minutos en coche por la A-66 hacia el sur y desvío a la SA-515. Está entre los términos de Béjar y Hervás, en el límite natural entre las sierras de Béjar y de Francia.
Productos locales
La repostería tradicional de Montemayor —floretas, rosquillas, mantecados, bizcochos— se conserva gracias a obradores familiares como el de Nieves. Merece la pena llevarse una caja a casa.